Conversaciones comerciales entre EEUU y China continuarán el miércoles por tercer día

PEKÍN (Reuters) – Las conversaciones entre Estados Unidos y China se extenderán por una tercera jornada en Pekín, dijo el martes una fuente de la delegación estadounidense, mientras las dos mayores economías del mundo intentan resolver una fuerte disputa comercial.

Steven Winberg, secretario asistente de Energías Fósiles del Departamento de Energía, dijo a periodistas que las conversaciones han sido positivas. “Las reuniones continuarán mañana, sí”, señaló sin dar más detalles de la situación ni aceptar preguntas.

Las partes habían extendido sus conversaciones a una segunda jornada el martes, aunque no se dieron a conocer mayores detalles.

No estaba claro si toda la delegación estadounidense participaría de las reuniones del miércoles o solamente algunos funcionarios de ciertas agencias.

Las reuniones son las primeras conversaciones cara a cara desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par chino, Xi Jinping, acordaron en diciembre una tregua de 90 días en una guerra comercial que ha golpeado a los mercados globales.

El secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, predijo el lunes que Pekín y Washington podrían llegar a un acuerdo comercial con el que “podamos vivir”.

También aseguró que los problemas comerciales inmediatos serían más fáciles de abordar, mientras que los problemas de aplicación y las reformas estructurales, como los derechos de propiedad intelectual y el acceso a los mercados, serían más complicados de resolver.

Trump impuso el año pasado aranceles de importación por cientos de miles de millones de dólares a productos chinos y ha presionado a Pekín para que cambie sus prácticas en temas que van desde los subsidios industriales a la propiedad intelectual y la piratería. China ha tomado represalias con sus propios aranceles.

Más temprano el martes, China aprobó cinco cultivos genéticamente modificados para importaciones, en una decisión vista como un “gesto de buena voluntad” por la industria agrícola de Estados Unidos, que podría impulsar las compras de granos en el extranjero y aliviar la presión de Washington para abrir sus mercados a más productos agrícolas.

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